La atención a la
diversidad cultural es uno de los principales retos de la educación actual y un
requisito de calidad educativa. El sistema educativo tiene la responsabilidad
de preparar a los estudiantes para la sociedad multicultural. Todos los agentes
educativos debemos trabajar de la mano para conseguir un ethos
intercultural mediante la reformulación del currículum, metodologías
didácticas… y conseguir un clima escolar que favorezca la convivencia mediante
el respeto, la interacción, sensibilización… La tarea de mejorar la calidad
educativa del ethos intercultural queda pendiente a nivel nacional e
internacional.
Uno de los países que presenta un modelo educativo
inflexible y cerrado a progresar en la inclusión social es Francia.
Francia es un país con un tejido social muy heterogéneo donde el
11 por ciento de la población son personas procedentes de otras culturas, más
de 18 millones de franceses son descendientes de familias extranjeras y con el
progreso de las nuevas tecnologías, la interacción entre diferentes orígenes
culturales aumenta vertiginosamente cada día. Pero su sistema educativo hace
oídos sordos a estos datos y opta por defender la homogeneidad y exclusión de
la diversidad cultural de la escuela. Considera a todos los ciudadanos por
igual sin tener en cuenta su procedencia, cultura… y romper con este principio
crea sentimiento de rechazo en la población aun sabiendo que la realidad es
todo lo contrario. Esto sucede porque se han negado a avanzar con la sociedad y
sigue en pie un sistema que fue diseñado en sus orígenes para una sociedad mucho
más cerrada y homogénea.
Una medida educativa que entró en vigor en el año 2004 en
Francia fue: la ley francesa sobre la laicidad (Ley n°2004-228 del 15 de marzo
de 2004) es una ley que prevé la prohibición de llevar símbolos religiosos en
las escuelas públicas francesas. La aprobación de esta ley es consecuencia de
diversas exclusiones de alumnas musulmanas que se negaban a quitarse su velo
islámico en clase y estaban yendo en contra de las reglas laicas del sistema
escolar francés.
Esta medida es un modelo paradigmático que se basa en la
asimilación y tiende a la separación/segregación que conlleva a la exclusión
del alumnado. Esta escuela es una institución destinada a neutralizar las
desigualdades reales de la vida social ofreciendo la misma formación para todos
y obliga a instituir únicamente los valores de la República. En este sentido se
lavan las manos reenviando la integración cultural al campo de lo privado y se
ignora en el espacio público. Aceptan a las personas de manera abstracta sin
atributos. El término intercultural, cultura y palabras relacionadas con el
mismo campo semántico están ausentes en la legislación educativa en todo
momento, hay un silencio institucional donde es objeto de tabú donde creen que
la pluralidad de las culturas es un obstáculo a la igualdad.
Uno de sus principios en que respalda la política del
Estado es la aceptación de la laicidad (separación entre sociedad civil y
religiosa) y la exclusión de prácticas culturales incompatibles con los valores
públicos.
Otro principio es desarrollar una sola identidad nacional cultural
que posibilita la igualdad entre los ciudadanos donde no admiten que hay
diferencias culturales y solo existe una lengua, una cultura e historia
nacional.
Estos principios llevan a que los alumnos procedentes de otra
cultura deben ser considerados franceses como los otros sin hacer mención y
distinción de sus peculiaridades culturales.
Para Francia, admitir que se está equivocando sería tener
que: replantear todos sus fundamentos e ideologías, reconocer que existe
discriminación, tendrían que realizar una reflexión general sobre el camino
recorrido y replantearse actuar de mejor forma cara al futuro.
Mi opinión es que hoy en día es muy triste que existan medidas
educativas que cumplan principios tan cerrados donde excluyan y no tengan en
cuenta la diversidad cultural que estamos viviendo en los últimos años. Está
claro que este tipo de sistema educativo se va a quedar obsoleto con el tiempo
porque no se puede ir en contra del fenómeno de la multiculturalidad. Creo que
las estrategias que debería adoptar Francia para romper con esta neutralidad
deberían ser: actuar en la política educativa teniendo en cuenta la diversidad
multicultural, reformular el currículo adaptándose al alumnado, investigar la pedagogía
de una forma modernista favoreciendo la inclusión, relanzar la formación del
profesorado enseñando el valor de enseñar mediante una educación personalizada,
fomentar el ethos sólido, coherente y con sentido… No se puede
establecer la educación solo teniendo en cuenta una cultura ignorando que
existen otras.
Estoy a favor de una escuela que persigue un sistema educativo
como el estadounidense que trata de acoger a la diversidad sin apoyar unas
ideas sobre otras. Esta tolerancia nos remite a una diversidad de intracentos
donde tiene en cuenta las peculiaridades de cada niño, sigue el principio de
culturalidad y aplica el modelo inclusivo. Estoy a favor de una sociedad unida
que se prepara para una convivencia plural, democrática y abierta a un mundo
sin colores predeterminados.
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